Por falta de abecedarios

Necesito hacerte saber que dependo de menos de treinta letras para expresar el agujero negro que crece en el centro de mi cuerpo.

Para poder decirte todo lo que significa para mi, pediría ayuda a las veces que me he caído por torpe, las ocasiones que la lluvia me ha mojado por no llevar un paraguas, las pesadillas que he tenido por algo que me ha atormentado desde que os conozco o por cenar demasiado, los incontables momentos que me he odiado frente a un espejo o la impotencia que he sentido ante un objetivo frustrado. Necesitaría más de un abecedario para acercarte a los confines de mi universo, sin riego a que caigas en ese agujero conmigo. Tendría que buscar en mi memoria todas las decepciones que me has provocado, las ganas de desaparecer que tengo cuando sufro de tener demasiado tiempo para pensar. Simplemente, recurriría a todo el tiempo que he malgastado al querer ser una buena persona o al luchar contra la fiera que despertó hace un tiempo. Me gustaría que fueses capaz de ver más allá de toda esta inservible palabrería y comprendieses lo asustada, sola y terminal que me siento.

Dedicado a mis círculos de gente importante.

jueves, 5 de enero de 2012

Peace is the trick

Si me disculpáis voy a dar rienda suelta al subconsciente:
¿cómo se hace eso que llaman "tomar decisiones"? ¿Qué quiere decir que una persona está pasando "una mala racha"? ¿Realmente, qué cojones son los sentimientos y por qué tenemos el defecto de padecerlos? No entiendo nada y a la vez sé que jamás lo haré al igual que una lista interminable de cosas más. No entiendo por qué se me cae el "alma" a los pies cuando pienso y me percato de que no estará a mi lado, de que no me tocará y ni siquiera es consciente de todos los pedacitos que se han roto dentro de mi y no volverán a unirse. Me pregunto por qué debería sufrir tanto por todo, por qué soy propensa a darle cien mil millones de vueltas al mismo aspecto con diversos matices todo el tiempo, por qué me cuesta recordar las lecciones de los libros de texto y en cambio me resulta tan sencillo memorizar fechas, palabras, gestos, sueños y demás disfraces que no hacen más que amordazarme y encerrarme Dios sabe donde. A veces me asalta la duda de por qué me veo tan insuficiente frente a los demás, la razón por la cual una voz (tipo esquizofrenia) me dice y asegura que todos, incluido aquel perro callejero tuerto y de aspecto desagradable, tiene un valor mayor que el mío. ¡Cómo si nos pesasen en balanzas y un grano de arena estuviese mejor pagado que yo! Tonterías, solo sé decir tonterías que me rondan y no callan. Eso es, quisiera callarlas, dejar hablar a esa otra que solo hace acto de presencia cuando se despierta del coma y me dice, frente al espejo, que no soy tan mala como creo, que hay gente, poca, que me valora. Esa voz me cae bien, no tanto como me gustaría porque más bien acierta en pocas ocasiones, pero al menos lo intenta. Puedo ver la velocidad de mis dedos deslizarse por el teclado y la cantidad de veces que tengo que presionar la tecla "delete" para borrar del post todas esas letras que se cuelan por despiste. Siempre igual, siempre las mismas palabras extremistas para describirme, para describir o acercarme a tan solo unas millas de lo que realmente quiero decir. ¿Para qué? Nadie lee esto y no sé si me molesta o no, pero el caso, el verdadero motivo de todo, es que se haga conocer, como todo lo que escribo en los cientos de diarios que tanto me gustan escribir donde solo hay delirios de un espíritu errante. Sola, realmente sola. Ese es mi mayor miedo y realidad, quiero muchísimo a pocas personas, aprecio a menos y daría mi vida por... No sabría por quién, en el caso de que la diese, tengo que verme en la situación. Pero mi mayor temor es la soledad, la marginación, el rechazo y querer, poder y que no se me permita tener siquiera una oportunidad. Envidio  a aquellas personas que dejan la vergüenza en casa, donde no molesta y sacan a pasear a su libertad. Ya sabes, como si fuese un perro. Esto, todas estas palabras que ni juntas ni separadas tienen sentido, se llama "cadáver exquisito" aunque no del todo, es un juego de más de una persona, pero bueno... "las reglas se hicieron para romperse" ¿no? bueno, ya basta, no me lleva a nada, solo he puesto una tecla tras otra y no me lleva a nada.

Mírame

Nacer sin saber cómo actuar, guiarte por cuanto ves y avanzar sin darte cuenta

Y con cada latido, perecer en silencio.


Equivocarte una y otra vez y decir "de los errores se aprende" aunque sepamos que es mentira


Caer en la desesperación, intentar trepar las paredes del pozo que cavamos con nuestras manos y ver que no hay fin que valga la pena


 entre la multitud, entre malas hierbas, vivir



Construir caminos libres de baches o giros bruscos. Sólidos, resistentes, duraderos.




PARA VOLVER AL PRINCIPIO.


Más que plumas en una jaula de oro, somos bestias que no hemos despertado.

KIDS

Se esfumaron las ganas de querer más y mejor. Las sorpresas... Ya sabes, inesperadas. Damos por terminado el capítulo de reír porque sí, de creer en los reyes magos y en un viejo de aspecto dudoso bajar por la chimenea que siempre dejo "accidentalmente" encendida. No quiero saber nada de hadas del bosque o de animales que hablan, de muñecas con cuerpos que me trastornarán la alimentación o películas que me harán crear ideales sobre esa especie que llaman "hombres" que tanto me gusta y a la vez tanto detesto. No, no exagero, te juro que ya no salto a la comba con el mismo aguante que antes, no juego al escondite con los mismos nervios de si me ven o no. El escondite inglés es absurdo y el "toma tomate, tómalo" no tiene ni pies ni cabeza. Las canciones del pop que cantaba de Britney Spears o trapos del estilo se van, sustituidos por voces torturadas y decadentes que llenan mis silencios con pesar. He cambiado los vestidos de volantes y las medias de canalé junto con los zapatos de charol por vaqueros desgastados, blusas transparentes y botas militares. No, no estoy madurando ni creciendo ni aprendiendo. Estoy perdiendo el tiempo en cosas sin sentido, en estupideces que me comen la oreja y no hacen más que destruir la poca moral y autoestima que sobrevivieron. No negaré que echo de menos ser cariñosa, dar un beso porque sí y abrazar a quien sea, echo de menos la confianza, las charlas sin octavas desagradables y los cuentos de caperucita roja antes de dormir. He pasado de niña con cesta para su abuela a lobo feroz. Tendría solución si le diese importancia, pero lo cierto es que no me molesta. Achaquemos las culpas a la edad, a las hormonas revolucionarias, a las ideas vanguardistas, al mundo capitalista o a los valientes que no dicen más que mentiras para tranquilizar a despistados como yo, o como tú ¿por qué no? Sea como sea, esto que llaman revolución ya lo había vivido mi tátara abuela y ni de Freud se sirvió para ello. Lo que quiero decir con tanta parafernalia es que, esté o no de acuerdo, quien soy ahora es producto del pasado que, como decía Shakespeare, "el pasado no es más que un prólogo", y así me quedaré hasta que el presente llegue y el futuro haga de las suyas.

Asfixia

Ya no tengo fuerzas para aguantar la presión del aire martilleando mis pulmones, la presión de cien kilos de plomo sobre mi pecho. No tengo el valor de alzar la voz y pedir ayuda ni ganas de que me vean rota ni que me juzguen por estas palabras banales que apenas pueden expresar todo el vacío y la nada que llevo dentro. Todo nublado, difuminado, vertiginoso. ¿Y dónde se encuentra mi salvavidas? mi vida, mis ganas de vivir, mi muerte y la tentación que inspira. No hay ni habrá razones para caminar bajo la lluvia, sobre el sol, entre las nubes, junto a las estrellas. Tendremos apocalipsis, tsunámis, terremotos, tornados, ciclones e infinidad de desastres más y yo ni siquiera levantaré los párpados para mirar porque si algo tengo claro es que este mundo, este al que llamo "mío", se va a pique, esté o no en él. Él, que desaparecerá convirtiéndose en polvo de estrella y, a su vez, en átomos cada vez más pequeños, será olvidado, un capítulo más para las memorias del universo, como tantos otros o como ninguno ¿quién sabe? Pero todo eso carece de importancia para mi pulso, para mis metas y delirios. Yo, que solía buscar mil motivos por los que despertar, por los que levantarme de la cama y vivir, me he visto reducida a eso; a desastres naturales, a mi apocalipsis y mi propio fin. ¿Por qué? No es un "qué" es un "quiénes" evitaré mencionarles pero siempre es lo mismo, espiral de decadencia y dramatismo es lo único que consigo día a día hasta ayer. Ayer, al despertar y no encontrar nada por lo que mereciese la pena ponerme en pie, las garras de mi agujero negro (desde el centro del pecho) emergieron en cuestión de décimas de segundo y me desgarraron. ¿Es esto lo que siente alguien cuando sufre una depresión? Me cuesta tanto creerlo, tanto comprender qué motivos puede tener una niña de 17 años con toda una vida por vivir y es entonces cuando veo la luz (evitemos el canto celestial, el esplendor y la oscuridad a su alrededor) fueron esas palabras "toda una vida por vivir" todos los días el mismo despertar, la misma rutina, la monotonía, la costumbre, las directrices y demás sinónimos que sobran por no decir que faltan. ¿Realmente me esperan esas garras día tras día hasta que la muerte nos separe?

lunes, 19 de septiembre de 2011

Somewhere only we know

A veces me gustaría chillarte, decirte con la voz rota que me beses, que dejes de hablar o de crear un silencio prolongado entre nosotros. Sí, de vez en cuando no me importaría que me desarmaras con los ojos, que me dijeras lo mucho que te apetece irte de este mundo injusto a uno donde las caravanas son una apuesta segura, el euromillón llama a la puerta de la casa de ruedas.
Me volvería loca la idea de que me tocaras hasta ponerme los nervios en el disparador. Que me cogieses por detrás, evitando que me dé el aire frío de las tardes.
No soy cursi, pastelosa o cría. Soy una chica sin mucho que perder y todo por ganar, alguien que se muere de ganas de morderte, de jugar a que no me doy cuenta cuando me miras. Sí, quizá sea algo niña... Pero no una cría insensata. Estoy loca, ya lo sabías. Haces que sea celosa, que me coma las uñas por los nervios y que ha creado una dependencia de su teléfono por si apareces. No, no estoy obsesionada, aún me queda dignidad o lo que sea esa cadena que me prohíbe decirte las cosas de forma directa. Quizá sea miedo, del que se antepone a los acontecimientos, del que me dice que si digo o hago "tal" tú reaccionarás mal.
¿Te acuerdas de lo primero? Pues eso, que me beses ya.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Young

   ¿Lo oyes?
  Las ninfas vuelven a cantar detrás de mi ventana. ¿Ves sus rostros? Jamás había visto nada más hermoso que aquella tez blanquecina, tan luminosa que sospecho que estas amigas mías sean hijas de la luna. ¿Y qué me dices de sus ojos? El color aceituna de su iris resulta de lo más inquietante mientras sus largas cabelleras azabaches chocan en contrastes con el resto de su pura imagen.
  ¡Qué sonido tan hermoso! Lo hacen sin esfuerzo, como cientos de liras y dulzainas, bailan extasiadas, colocadas por el frescor de la última noche de otoño en esta ciudad. Que feliz me hacen estas traviesas criaturas que rara vez me visitan, ¿puedes sentir la paz? Es como si fuesen capaces de amainar la furia del día a día de apagar el sistema simpatico y activasen el parasimpatico.
  Lunes.
Los matutinos rayos del sol consiguen colarse por el hueco de las gruesas cortinas, ya no sé qué hacer para evitar que entren tan temprano en mis sueños, ¡con lo a gusto que se está entre las sábanas y la amplitud de este colchón! Pero, sino fuese por esos rayos, sería imposible arrastrarme fuera de mi lecho.
 La casa se despierta a mi compás, Alicia y Rodrigo se ríen en la habitación contigua, que bonito es ser inocente e ingenuo, ¡todo ese dolor que se ahorran! Espabila, Eleanor, hoy es el primer día de tu último error, lo prometiste. A la de tres me pongo en pie, lo prometo… 1, 2 yyyyyyyyy tres, ¡YA!
- ¡Buenos días, mamá! – cantan a coro los pequeños, Alicia, con la sonrisa espléndida de Alaster se abalanza sobre mi regazo, rodeándome con sus pequeños brazos. Por el contrario, Ro se queda en el marco de la puerta dudando entre unirse a su hermana o salir corriendo mientras pueda.
  Con un gesto de mi mano le hago pasar. Obediente  se acerca a la mesita de noche inclinándose para darme un breve beso en la mejilla. Sonreímos. Ro, como le llamo desde pequeño, es un chico que no siente aprecio por nadie, alguien al que le cuesta estar cómodo cuando se requiere algo de atención, en conclusión, mi hijo es un adolescente de lo más insólito. Mientras otros viven por el mundo, el vive por su hermana y nadie más. Después de la muerte de Alaster, fue quien se ocupó de Alicia y de mi cuando apenas podía levantar cabeza. Mi Ro es fuerte con el resto aunque esté destrozado por dentro y no es posible expresar con palabras lo orgullosa que me siento de él.
- ¿Cómo han amanecido mis dos criaturas favoritas?
- Mami, anoche Lulú salió al patio como siempre pero esta mañana no estaba en mi cama – Ah, sí… ¡Lulú! Ese Golden de anuncio que Alaster trajo un día después de trabajar a pesar de las advertencias que le impuse. ¡Un perro en mi salón! ¿Hasta dónde vamos a llegar? Ahora él no está para sacarle de paseo, soy yo quien atiende a ese can.
- Tranquila, Ali, Lulú es lista, sabe lo que hace – con una palmada en la espalda, la incito a salir de ese hueco que consiguió encontrar entre mi torso y mi brazo derecho.
  Ambos desaparecen detrás de la puerta blanca de mi dormitorio dejándome otra vez sola conmigo misma, que tediosa puede llegar a ser la soledad si no te convences para aceptarla. Es cuando me asaltan los recuerdos del hombre al que amo, la persona que, cuando murió en aquel avión de viaje de negocios, se llevó consigo mi aliento y mi alegría. Condenándome a la lucha diaria de una familia que no consigue avanzar y de una mujer que llora cada segundo de vida que no pudo pasar a su lado.
  Si pudiera ver al Diablo, le vendería mi alma con tal de que vivieses, Alaster.